La obediencia en el Mormonismo

A los miembros de la Iglesia Mormona se les enseña que la obediencia es la primera ley de los cielos.  Para progresar en esta vida, los hombres y las mujeres deben ser obedientes a las verdades que vienen del Señor.

Jeremías 7:23, dice: “Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré á vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mandare, para que os vaya bien.”

Los mormones creen que la obediencia es necesaria para probar su fidelidad al Señor. Cuando un hombre o una mujer desobedecen, ellos detienen su evolución y dañan su relación con el Señor. Jeremías 7:24, dice: “Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante.” Esta escritura resalta un punto crucial en las creencias de los mormones: cada persona en la tierra –cada hijo de Dios – debe poner los mandamientos y la voluntad de su Padre Celestial primero, antes que los de ellos mismos. Cuando las personas empiezan a pensar que pueden vivir sin la necesidad de ser guiados por su Padre en el Cielo, pierden la visión del camino que los conduce a la felicidad.

Proverbios 3:5, dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia.” La “comprensión” de los individuos en la Tierra no puede exceder nunca la verdadera y eterna comprensión del Señor. El mormonismo enseña que obedecer es más fácil cuando creemos que el Señor sabe lo que es mejor.

También, Los mormones creen que las bendiciones son para aquellos que obedecen al Señor. Los hombres y las mujeres reciben beneficios de obedecer las leyes de la tierra y las leyes naturales, de esa manera los mormones creen que reciben beneficios al obedecer las leyes espirituales.

Este concepto de obediencia está estrechamente ligado a las bendiciones, lo cual es fundamental en el mormonismo. Los mormones creen que el Señor es infaliblemente digno de confianza y que siempre cumplirá Sus promesas. Él estableció leyes para que nosotros, mediante la obediencia de éstas, seamos felices. El Señor cumplirá, en el tiempo que crea conveniente, cada promesa hecha a Sus hijos en la Tierra. La revelación de los últimos días hecha al profeta José Smith cada día se esclarece más:

Doctrina y Convenios 82:10, dice: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.”

Doctrina y Convenios 130:21, dice: “Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.”

Es importante recordar que el Señor está comprometido a bendecir a Sus hijos cuando ellos obedecen; sin embargo, la desobediencia, por el contrario, traerá infelicidad, porque el Señor no puede bendecir al desobediente.

El Señor reveló información importante sobre las bendiciones específicas de la obediencia. Todas las personas desean conocimiento e inteligencia, y los mormones creen que “si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero.” (Doctrina y Convenios 130:19). De esa manera, a los hombres y las mujeres se les promete que recibirán bendiciones por su diligencia al evangelio de Jesucristo -mediante el servicio y fe- y de la obediencia a los mandamientos del Señor.

La obediencia es importante para progresar y aprender de las experiencias que el Señor ha establecido para Sus hijos aquí en la Tierra. Los mormones creen que el Señor usualmente prueba la fe de Sus servidores mediante pruebas de obediencia. No podemos entender las razones por la que el Señor nos pide obedecer ciertos mandamientos. En el capítulo cinco de Moisés se hace una descripción sobre el primer hombre en la Tierra, Adán, quien estuvo en la misma situación. Se le ordenó sacrificar un animal para el Señor sin saber el porqué. Muchos mandamientos, como la ley del sacrificio, que el Señor establece para Sus hijos se dan por razones que sólo Él mismo conoce. Por eso la obediencia es necesaria. Es imposible para los hijos del Señor entender la razón para cada mandamiento; los hombres y las mujeres en la Tierra no pueden entender todos los misterios del Señor. Sin embargo, ellos pueden demostrar su fidelidad y diligencia obedeciendo siempre los mandamientos sin preguntar el motivo. Esto es también una manera por la cual los hombres y las mujeres adquieren humildad, otra importante característica cristiana.

El mormonismo enseña que esta humildad necesaria puede compararse a la naturaleza de un niño:

Mosíah 3:19, dice: “Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre él, tal como un niño se somete a su padre”.

El hombre natural es la parte de una persona que no sigue los mandatos de Dios. El hombre natural es un hombre que no hace nada para desarrollarse ni aprender en la Tierra. El mormonismo enseña que es necesario “dejar a” este hombre natural y aprender a ser más como Dios, a través de la ayuda del “Espíritu Santo” y mediante la humildad y obediencia.

 

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Misioneros mormones