El Perdón en el Mormonismo
En el mormonismo, el perdón es una parte esencial para poder vivir felices en esta vida y poder salvarnos en la otra vida. Un estudio de las escrituras revela dos aspectos del perdón: la búsqueda del perdón del Señor a través del arrepentimiento y oraciones, y el perdón a todas las personas que nos dañaron u ofendieron. Jesús indica a todos los hombres a decirle al Padre Celestial: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12).
El pecado es una carga difícil de sobrellevar. Cuando pecamos, sabemos que hemos actuado en contra de la voluntad del Señor. También, sentimos pesar al darnos cuenta que nuestras acciones pueden haber lastimado a otros y desde luego ésto no nos permite sentirnos cerca al Padre Celestial. A su vez, esta culpa nos recuerda que no podremos recibir bendiciones del Señor que de otra manera Él habría estado dispuesto a darnos.
Los mormones creen que la Expiación de Jesucristo, el acto de que Él tomara sobre sí los pecados de toda la humanidad, nos da la posibilidad de recibir el perdón. Este perdón viene a través del arrepentimiento sincero y total, lo cual aliviará el dolor y la culpa que sentimos debido al pecado. En realidad, el total arrepentimiento trae consuelo y dicha, ya que el Señor prometió que: “Quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” (Doctrina y Convenios 58:42). Ya que Dios olvida nuestros pecados, cuando nos hemos arrepentido completamente, nosotros no tenemos necesidad de sentirnos culpables por los pecados cometidos.
Los mormones creen que el Salvador está esperando que nosotros vayamos hacia Él y de esa manera podamos ser perdonados por el Señor. En el Libro del Mormón, se relata que cuando Jesucristo vino a América, Él invitó a todos los hombres para que por medio de él, ellos sean perdonados por el Padre. 3Nefi 9:13 dice: ¿No os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?”
El arrepentimiento es un proceso por el cual los hombres y mujeres se confiesan y renuncian a sus pecados. En el mormonismo, esto significa que cuando pecamos, primero debemos admitir que lo hicimos, siempre al Señor y a veces –en caso de pecados serios- también ante una autoridad del sacerdocio en la Iglesia. El segundo paso es renunciar al pecado, es decir, prometernos a nosotros mismos y al Señor que no lo volveremos a cometer. Este proceso de arrepentimiento es difícil, pero los Santos de los Últimos Días creen que todo es posible por medio de la Expiación de Cristo. El sacrificio de Jesucristo fue para todos y sanará a cada hombre o mujer, que actúen con humildad y que busquen fortaleza para superar el pecado.
Además, buscar el perdón de nuestros pecados es un mandamiento del Señor, debemos de perdonar a todos los hombres que nos ofendan. El Señor dijo: “Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado. Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres” (Doctrina y Convenios 64:9-10)
Los mormones creen que es un pecado guardar rencor a los demás. En realidad, como el Señor dijo, quien no perdona ha cometido “el mayor pecado” en comparación a la ofensa original por la cual se guarda rencor.
El mandamiento de perdonar a todos los hombres puede ser difícil de obedecer. Es muy fácil molestarse o resentirse en los momentos difíciles de la vida. Sin embargo, Jesucristo da un ejemplo perfecto para todos nosotros cuando Él perdonó a los soldados romanos que lo crucificaron. Cuando Él estuvo en la cruz, Él oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), mostrando de esa manera Su capacidad para perdonar a quienes le causaron un dolor tan incomprensible.
Los mormones creen que podemos orar pidiendo fortaleza para perdonar. El Señor está listo para bendecirnos con poder y amor incrementado hacia otros. Cuando más tratamos de ver lo bueno en las personas y dejamos de juzgarlas, es más fácil amarlos. También, es una creencia de los Santos de los Últimos Días que el perdón puede sanar incluso hasta las heridas más terribles. El amor que el Señor nos da puede reemplazar los sentimientos de cólera y resentimiento con sentimientos de paz.
