Templos mormones –

Entrar al Templo

Ahora que se ha hablado de lo que sucede dentro de los templos, hay algunas otras preguntas que escuché frecuentemente en mi misión. Lo que más a menudo escuché fue: “¡¿Por qué no puedo entrar allí?! ¿Por qué las restricciones o quiénes pueden entrar?” Nuevamente, volvemos al tabernáculo para obtener algunas respuestas. Era un lugar santo, era sagrado. Los sacerdotes tenían que realizar el ritual lavándose aún antes de que se les permitiera entrar. Imagine que usted acaba de recibir una invitación al Baile de Inauguración de Presidentes mientras está trabajando en su jardín. ¿Usted salta, corre a la Casa Blanca y les muestra la invitación mientras usted está aún en pantalones de mezclilla? ¡Por supuesto que no! Usted se sentiría incómodo. De igual manera, cuando se va a un templo mormón, necesitamos estar limpios por dentro y por fuera. ¿Quién determina eso? Bueno, francamente usted lo hace. Hay dos entrevistas con líderes eclesiásticos. Ellos hacen preguntas respecto a cómo conduce su vida y lo que cree. Sin embargo, la pregunta final me impresiona cada vez: ¿Se considera a sí mismo digno de entrar al templo?

Yo soy el juez allí.  Yo decido si soy o no digno de ir, porque ¿quién puede saber mejor que yo?

Otra pregunta que escuché frecuentemente era: ‘¿No puedo ir a cualquier lugar para estar cerca a Dios?’ La respuesta es, por supuesto. Algunas de mis más profundas experiencias espirituales han tenido lugar fuera en la naturaleza. Me encanta hacer excursionismo y observar el mundo a mi alrededor, y encuentro un consuelo especial cerca a los ríos y a los océanos. Sin embargo, hay algo apartado y especial acerca de los templos que es diferente de sólo cercanía personal a Dios, aunque ése es un beneficio recibido a menudo al servir allí. En los templos mormones, hacemos por otros lo que ellos no pueden hacer por sí mismos, y trabajamos en nuestra salvación también. Eso es algo que necesita pasar en un lugar santo apartado del mundo para exactamente tal propósito.

Mi pregunta favorita era: ‘¿Cómo puedo entrar?’ Hable con los misioneros mormones, los jóvenes élderes y hermanas que trabajan tan duro por dos años o dieciocho meses sufragando sus propios gastos. Ellos sólo desean explicarle sus creencias, y darle la oportunidad de decidir por sí mismo si es o no verdad. Lea las escrituras, ore para saber si Dios está allí, y si estas cosas son o no verdaderas. Si usted encuentra que lo son, usted empezará a caminar por el sendero que lleva a las puertas del templo, y a algunas de las mayores bendiciones que puede conocer en esta vida.

Yo espero que al escribir este artículo haya esclarecido algunos puntos. Sé que no soy una escritora perfecta, pero sí sé que las doctrinas y principios y ordenanzas de la Iglesia nos son dadas por un Padre Celestial perfecto. Él nos ama mucho. Somos Sus hijos. Él no crearía una experiencia en el templo que sea extraña o perversa, o el no sería Dios. He estado en cada sala principal del templo de Washington D.C. No hay nada malo, raro o aún extraño acerca de él. Es bello y santo y sagrado. Y todos están invitados a venir.

Si buscar y hablar con un misionero mormón es mucho, vaya a un templo que tenga un centro de visitantes. Hay hermanas misioneras sirviendo allí que están constantemente estudiando y listas para responder sus preguntas. Si hay un templo que se esté construyendo en su comunidad, vaya a la actividad de puertas abiertas, donde los miembros de la Iglesia le llevarán en una visita guiada del templo. Ellos tampoco son perfectos, así que si usted hace una pregunta que momentáneamente los desconcierta, no deje que eso le moleste. Ellos están simplemente tratando de hablar de algo sagrado sin ser frívolos. Realice todas las preguntas que desee. Sea curioso. Así es como aprendemos a entendernos los unos a los otros. Así es cuando las caricaturas se quedan a un lado para dar paso a un bello retrato de estudio.


Fig. 10: Annie y Matt en el Templo de Oakland Temple, 1 de julio de 2006

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